Francis y Laura siempre basaron su relación en fuertes convicciones y en una devoción tan firme como inconfesable. Vivieron años tras un velo, fingiendo una vida que les alejara de miradas curiosas. Parecían ejemplares. Católicos, pero no excesivamente religiosos; patriotas, pero nada beligerantes; de talante político sosegado y de trato exquisito con sus vecinos.
Francis, veterano de la ocupación de Las Carolinas, había vuelto purificado años atrás. Él lo encontró. Él le acompañó de vuelta a Granada. Él impregnó a su familia. Él exigió una inquebratable fe y demandó un culto exclusivo.
Después de varios años de dedicación en las sombras, Él exigió presenciar un sacrificio.
Según el poeta yemení, no existía gracia para que un ser humano pudiera contemplar directamente al primogénito –Él-. Los dioses son caprichosos, pero tener limitada la vista tenía algunos beneficios: no ver el rostro de tu hijo muriendo por tu propia mano.
