Crónicas de Jerusalén: La historia de un despropósito geopolítico

“Gracias, Dios mío, por haberme hecho ateo”. Guy Delisle.

La ciudad de Jerusalén, es en su complejidad, el vivo reflejo del sinsentido que ha sufrido Oriente Medio en los últimos 100 años. El 7 de Junio de 1967, en el marco de la Guerra de los Seis Días, el ejercito israelí expulsó a las fuerzas jordanas de Cisjordania y tomó la ciudad de Jerusalén, que permanecía dividida desde el armisticio árabe-israelí de 1949, consecuencia de la guerra del año anterior. Desde ese mismo momento hasta nuestros días, la Ciudad Santa ha quedado en manos de Israel, siendo proclamada como capital del Estado – a pesar de la discrepancia generalizada de la comunidad internacional -.

La parte de la ciudad que Israel se anexionó en 1967 se denomina Jerusalén Este (o Jerusalén Oriental), y a día de hoy, alberga a más del 90% de la población de origen palestino de la ciudad. Otra particularidad de esa zona de la urbe viene en forma de despropósito: un muro de hormigón de casi 7 metros que se erige como barrera entre la Ciudad Santa y el territorio de Cisjordania. Ese muro forma parte de una barrera que dividirá físicamente la totalidad del territorio israelí del palestino; 10% hormigón, 90% vallas, fosos y alambradas. A día de hoy, la barrera está terminada en Jerusalén y en  el norte de la frontera entre Israel y Cisjordania… El resto sólo será cuestión de tiempo.

Tal y como ocurría en el relato de Crónicas Birmanas (Astiberri, 2008), Guy Delisle (Quebec, 1966) acompañó a su mujer, miembro de Médicos sin Fronteras,  durante su estancia en el extranjero desempeñando diversas labores humanitarias, en este caso, en la franja de Gaza, fijando su residencia en Jerusalén. El dibujante de origen canadiense se asentó con toda su familia en Beit Hanina, un humilde barrio de Jerusalén Este, y desde allí, durante aproximadamente 365 días, pudo acercarse a la realidad del conflicto árabe-israelí sin el lastre que suponen la infinidad de filtros que emborronan cualquier óptica desde el exterior.

El excepcional resultado de la experiencia lo encontramos en Crónicas de Jerusalén (Astiberri, 2011), una narración cargada de información, reflexión, humor y perspectiva; un relato enriquecedor y vitalista que, desde la sencillez, añade multitud de aristas y matices para poder acercarnos a entender la realidad de uno de los conflictos más duraderos y complejos de la historia reciente de la humanidad.

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Guy Delisle se alimenta de un nutrido anecdotario extraído de su día a día, en el que tienen cabida desde aspectos más cotidianos y culturales, a otros mucho más profundos y reflexivos, sin dejar atrás la grandísima capacidad de reírse del absurdo de la condición humana, vis especialmente bien desarrollada en Pyongyang (Astiberri, 2005).

En Crónicas de Jerusalén quedan patentes los acusadísimos contrastes entre Jerusalén Este y Oeste, mucho más desarrollada esta ultima parte de la ciudad. También destaca el tenso choque cultural entre las diversas comunidades religiosas de la Ciudad Vieja, con cuatro barrios diferenciados (judío, musulmán, cristiano y armenio) y con hitos religiosos clave: el Monte del Templo y el Muro de las Lamentaciones para la religión judía; el Santo Sepulcro para la religión cristiana y la Cúpula de Roca y la Mezquita de Al-Aqsa. En definitiva, una fuente ingente de conflictos y una ciudad enquistada en su propia idiosincrasia, saliendo muy mal parada si se compara con el aperturismo de ciudades como Tel Aviv.

El auténtico impacto sucede cuando Guy Delisle se adentra en Cisjordania, en algunos casos acompañando a MSF (Médicos Sin Fronteras), en otros, para impartir varios talleres de cómic en las universidades palestinas. Destaca negativamente la situación de Nablús, una ciudad vigilada estrechamente por el ejercito israelí, controlada a través de rígidos Checkpoints en todas sus carreteras y rodeada de asentamientos de colonos judíos. Nablús, de corte conservador e islamista, siempre ha representado una férrea – y en muchas ocasiones violenta – oposición a la ocupación de Israel. Tal y como sucede en la franja de Gaza, la solución del Estado Hebreo es el bloqueo total del emplazamiento. Las cárceles más grandes del mundo, denuncian muchos.

Ramala, sin embargo, ofrece un panorama bien diferente. Situada a 15 kilómetros de Israel, representa la cara más cosmopolita y moderna del pueblo palestino. Este contrapunto, a todas luces enriquecedor, nos muestra los contrastes que también existen entre los propios palestinos. Aunque la visión sobre la ocupación israelí va en la misma línea en toda Cisjordania, sorprende la ironía con la que aborda el asunto un diseñador gráfico del Studio Zan de Ramala, en una de las visitas que Delisle hizo a la ciudad:

Guy Delisle: ¿Hablas hebreo?

 – Diseñador: Sí, un poco… Sé como se dice “los papeles”, “abra el maletero”, “circule”… ¡Hebreo de Checkpoint!

Guy Delisle: ¿Y has conocido isralíes?

Diseñador: Eh… Sí… Conocí a uno una vez, en Jericó. Un tío muy majo. Me acuerdo que le pregunté si había estado alguna vez en Ramala. Y me dijo: “Sí, fui una vez a Ramala en un carro de asalto”.

Este diálogo, esta mueca trágica, bien puede resumir el tono de la novela gráfica.

Crónicas de Jerusalén es la obra más extensa de Guy Delisle hasta el momento, con nada menos que 336 páginas. La complejidad del conflicto requería de este espacio, pues son innumerables los prismas que había que perfilar para poder desarrollar un marco referencial que no cojeara, y que ayudara a construir un relato alejado de posturas simplistas y tendenciosas.

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 Uno de los enfoques más interesantes contempla algunos postulados internos contrarios al gobierno de Israel, que rara vez son noticia. Delisle destaca las durísimas críticas de la prensa israelí al gobierno en temas tan controvertidos como la ocupación de los territorios en Cisjordania o el trato que reciben los ciudadanos árabes en territorio hebreo. La falta de información y la recurrente confusión entre pueblo y Estado no nos permite conocer algunos claroscuros en el seno de Israel, no sólo desde el punto de vista de la prensa, sino también desde la propia ciudadanía e incluso del ejercito. El autor canadiense nos aporta dos ejemplos al respecto: Machsomwatch (Mujeres que observan/vigilan) y Breaking the Silence (Rompiendo el silencio). La primera es una organización de mujeres voluntarias israelíes que se encargan de vigilar algunos Checkpoints con el ánimo de denunciar cualquier tipo de abuso contra los ciudadanos palestinos. Están a favor de su libre circulación y, entre otras cosas, piden el cese de la ocupación de Cisjordania. La segunda es una organización de soldados veteranos del ejercito de Israel que denuncia la situación de los territorios ocupados y los abusos y humillaciones de los soldados sobre el pueblo palestino.

Guy Delisle no se limita a un puñado de anécdotas, también aporta abundante información histórica y geopolítica a través de numerosos mapas que nos sitúan continuamente en el territorio a diversas escalas, lo que le da un indudable valor añadido a  la obra.

A diferencia de trabajos anteriores, aún sin modificar su estilo minimalista en el trazo, Delisle introduce el color a través de diversas escalas monocromáticas, sin romper en demasía con el espíritu del blanco y negro. Incluso se atreve con colores vivos para resaltar elementos puntuales durante la narración – incluyendo los mapas -.

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Crónicas de Jerusalén es un acercamiento honesto que huye de adoctrinamientos, cuyo principal valor reside en la transparencia. Guy Delisle se acerca con curiosidad a una  realidad única y se enfrenta a ella con la mente abierta, con afán de descubrir cosas, y sobre todo, de descubrírnoslas a nosotros.

Si echamos un vistazo atrás, desde que fueron expulsados en masa de Palestina  (o la tierra de Canaán),aquellos que profesan el Judaísmo han estado dispersos a lo largo y ancho del mundo, hablando lenguas distintas y contribuyendo activamente al crecimiento de diversas culturas. A finales del siglo XIX, la aparición del sionismo como corriente política entre judíos alemanes, austríacos y de Europa del Este, supuso el primer paso para la creación de una tierra nacional judía, llegándose a considerar varios territorios como Uganda o Argentina. Finalmente, como todos sabemos, se inclinaron por Palestina. A principios del siglo XX, llegaron los primeros inmigrantes judíos a la región, y esa fue la semilla del actual Estado israelí, el vivo ejemplo de lo traumática que puede llegar a ser la creación de un Estado completamente artificial e insostenible, y del disparate geopolítico sin precedentes que ha generado en Oriente Medio. Crónicas de Jerusalén es otro testimonio que ayuda a reforzar esta postura, cada vez menos discutida. Otro tanto para el maestro Delisle.

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2 pensamientos en “Crónicas de Jerusalén: La historia de un despropósito geopolítico

  1. Elvira dice:

    Bravo!! Marcado quedas.

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