Goliat, de Tom Gauld

‘Entonces, de las tropas de los filisteos Salió un Paladín que se llamaba Goliat, de Gat. Este Tenía de estatura seis codos y un palmo. Llevaba un casco de bronce en la cabeza y estaba vestido con una cota de malla de bronce que pesaba 5.000 siclos. Sobre sus piernas Tenía grebas de bronce y entre sus hombros llevaba una jabalina de bronce. El asta de su lanza Parecía un rodillo de telar, y su punta de hierro pesaba 600 siclos. Y su escudero iba delante de él’. Primer libro de Samuel.

Hay pocas cosas más atractivas en la ficción que el retrato de un perdedor. Esos personajes sin estrella vapuleados por las circunstancias, cuya esquiva suerte define su seña de identidad.

Quizá la clave de ese tipo de personajes es la identificación. Es complicado no empatizar con la personalización de la derrota, sobre todo en un momento tan difícil como el que estamos sufriendo. Somos legión los que cada día perdemos un poco de nosotros mismos, mientras que el tránsito entre vivir y sobrevivir, ha establecido unos inusitados atajos de espantosa inmediatez.

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En 2012, Sins Entido y Apa-Apa colaboraron en la edición y publicación de Goliat en nuestro país, una agradable sorpresa que se erigió por méritos propios como uno de los mejores títulos publicados el año pasado. Una historia de perdedores de proporciones bíblicas. Literalmente.

Goliat es la primera novela gráfica de Tom Gauld, un autor que, sin embargo, es todo un veterano en otras lides: lleva más de 10 años de profesional a sus espaldas publicando historias cortas, ilustraciones y tiras de prensa – más de 7 años en ‘The Guardian‘ -, siendo estas últimas las que mayor notoriedad le han otorgado.

El autor escocés se adentra en el Antiguo Testamento para relatarnos la historia de David y Goliat desde el punto de vista filisteo. Tom Gauld parte del superficial y vago retrato de Goliat en las Biblia para construir la narración a partir de los ‘huecos’ del Primer libro de Samuel, y así, poder contar una historia nueva a base de enriquecer el desdibujado papel que el gigante tenía en la narración. Es ahí precisamente donde triunfa Goliat.

¿Qué pasaría si Goliat no fuera un paladín ni un guerrero? ¿Y si fuera sólo un administrador incapaz de blandir un arma? ¿Qué pensaríamos si su estatura y unas funestas circunstancias fueran las únicas responsables de situarle en primera línea frente al ejercito israelita? ¿Y si Goliat sólo fuera un enorme farol de los filisteos?

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Tom Gauld se recrea en la fatalidad de quien se encuentra en el momento y el lugar equivocados, consiguiendo que empaticemos con el gigante más vilipendiado de la historia de la cristiandad. Para ello nos muestra a Goliat como un tipo gentil, amable y respetuoso, un melancólico que disfruta de la soledad, un tipo normal dotado de una condición física excepcional. Gauld vuelca mucho de sí mismo en el personaje.

El dibujo de Tom Gauld tira de sencillez y un marcado minimalismo que incide en la inexpresividad de los personajes. En este caso, el autor evita el blanco y negro previsto, y se desmarca con la utilización de un tono marrón cálido que contribuye a facilitar la inmersión del lector en la historia.

En definitiva estamos ante una obra singular, emotiva y sorprendente. Un magnífico cómic con una edición en castellano para enmarcar.

Perdedores en viñetas

Goliat ha sido uno de los últimos en llegar, pero en el noveno arte, tal y como sucede en otros medios narrativos, los perdedores siempre han tenido una generosa cabida. Sin ir más lejos, en España existen infinidad de ejemplos que obedecen a ese perfil, incluso se puede afirmar que la figura del perdedor ha sido una constante en diferentes periodos. Carpanta, Gordito Relleno, Currito Farola, Heliodoro Hipotenuso, Morfeo Pérez, etc., son, entre otros muchos, los hijos de los duros tiempos cuya mayoritaria presencia se dejaba notar en diversas publicaciones durante la posguerra. A esta época también pertenecen dos de los perdedores más ilustres del cómic español: Mortadelo y Filemón.

Mortadelo y Filemón

La sociedad deprimida y enormemente empobrecida de mediados del siglo pasado, fue la coartada perfecta para el auge del perdedor en las viñetas. El estado de ánimo como motor de inspiración, no podía ser de otro modo.

Varias décadas después, tuvo lugar otro repunte generacional a través de los personajes marginales adscritos (principalmente) a la denominada ‘línea chunga’ de finales de los 70, que encontraron acomodo en publicaciones como Makoki, Bésame mucho o la longeva El Víbora. El desencanto y la sensación de oportunidad perdida que la transición trajo consigo, fue el acicate que marcó a esta nueva generación de jóvenes autores. Nunca se han vuelto a vender tantos cómics como entonces.

Makoki

Mientras, al otro lado del charco, Peter Bagge publicaba por primera vez las historias de la familia Bradley en la revista Comical Funnies. Buddy, el hijo mayor, acabó por convertirse en uno de los perdedores más representativos de los 80. Una década después acabó protagonizando su propia (y mítica) serie: Odio.

Odio

A principios de los 90, Joe Matt lleva el fenómeno del perdedor algo más allá. Comenzó a publicar Peepshow, un cómic autobiográfico en el que narraba sus vivencias, mostrándose como un neurótico, hipocondríaco, fetichista, egoísta y asocial loser, que le reportó una creciente popularidad y reconocimiento. Joe Matt, regodeándose en sus propias miserias, consiguió rozar la maestría en The poor bastard (Peepshow #1-6), probablemente su momento más inspirado.

Joe Matt

Chester Brown, ilustre compañero de fatigas de Matt, se sumaba en 1994 a la tendencia en I never like you, donde relataba su adolescencia a través de sus taras emocionales y un carácter marcadamente introvertido que le proporcionó serias dificultades para relacionarse con los demás. La cruda adolescencia desde la óptica de un perdedor. Para muchos su mejor obra.

Otro destacado loser de los 90 salió directamente de las páginas de Eightball, el cómic de Daniel Clowes cuyo número 1 fue publicado en 1989 de la mano de Fantagraphics Books. Hablamos de Dan Pussey, un nerd aspirante a dibujante de cómics, instrumentalizado por Clowes para atizar a la industria del cómic en toda su extensión. Un cómic imprescindible y cargado de mala baba.

Pussey!

De vuelta a España, conviene señalar la importante contribución de la revista El Jueves a la galería de perdedores patrios. La única superviviente de entre las revistas surgidas a finales de los 70, nos ha regalado un catálogo de fracasados inenarrable: Martínez el Facha, Makinavaja o Tato, con moto y sin contrato, son algunos destacados ejemplos, pero sin duda, mis favoritos tienen un origen común, y este no es otro que Paco Alcázar. Federico Tejada, Sebastián Cubero, el doctor de la Cuadra Saavedra, Berta Cortés, Gaspar Satrústegui y un largo etcétera, que, con Silvio José Pereda Cortés a la cabeza, componen el grupo de perdedores más descacharrante y variopinto del cómic contemporáneo español.

Silvio José

Benditos perdedores.

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5 pensamientos en “Goliat, de Tom Gauld

  1. […] Goliat, una historia de perdedores de proporciones bíblicas […]

  2. Gracias, cuando tengo tiempo los leeremos

  3. Goliat de Tom Gauld | Aburrimiento Vital , es genial, desde que os recibo no puedo parar de mirar todas vuestras sugerencias y me alegra cuando recibo uno más, sois lo mejor en español, me encata vuestra presentación y el curre que hay detrás. Un beso y abrazo,GRACIAS POR VUESTRO TRABAJO, nos alegrais la vida.

  4. […] y destacando los mismos puntos. Lo más interesante que he encontrado de esta obra lo han dicho en Aburrimiento Vital, al principio de la reseña, donde comentan que Quizá la clave de ese tipo de personajes es la […]

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