It Follows, de David Robert Mitchell

Eventualmente, la combinación entre el terror y lo bizarro en la ficción ha hecho saltar por los aires cualquier estado de confort del espectador medio: hay pocas cosas más incómodas e inquietantes que la falta de respuestas ante eventos inexplicables. Es más, si esa ausencia consciente viene acompañada de imágenes lo suficientemente poderosas como para alojarse en nuestra memoria, es probable que se estén sentando las bases de una experiencia que se acerque bastante al  miedo.

Los responsables de It Follows pretenden que aceptemos lo desconocido con naturalidad, obviando superfluas explicaciones; y en ese plano, el del miedo primigenio a lo desconocido, nos invitan a que seamos cómplices y aceptemos unas reglas nuevas.

La Película

“Esta cosa… te seguirá. Alguien me la pasó y ahora yo te la he pasado a ti… atrás en el coche. Puede parecerse a alguien que conozcas o puede ser un extraño en la multitud… lo que sea necesario para llegar hasta ti”.

En primer lugar, It Follows sale bien parada si tenemos en cuenta el contexto en el que se desarrolla. El cine de terror en particular, aunque podríamos generalizar, sufre el irremediable desgaste de una industria que va a todo trapo. La escasez de ideas nos reserva cada vez menos títulos de género dignos cada temporada. Precisamente por ello se tiende a engordar los logros de determinadas producciones que ni siquiera llegan a ser redondas. Quizá estemos en un momento en el que se valora una idea fresca por encima de su propia ejecución.

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Llegados a este punto hay que señalar que It Follows no es perfecta, pero cuenta con aciertos lo suficientemente rotundos como para merecer reconocimiento.

La premisa que sustenta el film es una de sus principales bazas: una maldición sobrenatural de transmisión sexual que se manifiesta como una entidad multiforme, lenta pero incansable, que sólo pueden ver aquellos que la han contraído.

La originalidad de la propuesta no quita que algunos de sus conceptos sean algo recurrentes en el género: una maldición “transmisible” (RinguHideo Nakata, 1999), un grupo de adolescentes frente a la amenaza y unos personajes adultos casi como elemento decorativo (la saga Pesadilla en Elm Street) y una estética con reminiscencias ochenteras (fenómeno que está teniendo su eclosión en estos últimos años; el cine de Ty West es un buen ejemplo).

El grupo de adolescentes de 'It Follows'.

El grupo de adolescentes de ‘It Follows’

Los adolescentes de Pesadilla en Elm Street IV

Pesadilla en Elm Street IV

A pesar de las referencias, el film posee tal entidad que estos elementos no la relegan a un simple pastiche. Probablemente la culpa de ello la tiene el guión y la exquisita dirección de David Robert Mitchell, que se alejan de los lugares comunes del cine de género.

Una dirección pausada, una fotografía impoluta, una apabullante banda sonora plagada de sintetizadores –Carpenter se siente, aunque sólo musicalmente hablando- y una habilidosa combinación entre planos fijos y parsimoniosos zooms, convierten la inmersión en esta singular y asfixiante atmósfera en un juego de niños.

Dentro del grupo de insustanciales e irritantes adolescentes que protagoniza la cinta, destaca la elección de Maika Monroe como protagonista. Su interpretación, cargada de angustia y paranoia, la convierte en uno de los principales pilares de It Follows al erigirse impecablemente como nexo de unión con las emociones del espectador.

Y el miedo, conviene no olvidar el miedo. It Follows juega sus cartas para que casi podamos palparlo con las manos. Desde el contundente prólogo hasta su paranoide epílogo -sí, a pesar del fallido clímax final-, David Robert Mitchell arma una mitología propia plagada de potentes imágenes para el recuerdo, reforzando la identidad de It Follows y ganándose por derecho propio un hueco en el imaginario colectivo del cine de suspense y terror.

El horror y lo absurdo

Existe un singular grupo de momentos cinematográficos que han conseguido perdurar a lo largo de los años, gracias a la perfecta combinación entre el terror y lo inexplicable, el horror y lo absurdo, el miedo y lo bizarro. Un binomio creado para alojarse en el lugar donde residen nuestros miedos más primarios. Justo ese rincón donde habitan los temores irracionales que nos desarman y nos dejan indefensos.

En ocasiones se trata de una sola imagen o una pequeña escena aislada. Desconozco la medida con la que se deben combinar los elementos para conseguir los perturbadores efectos de estas secuencias, pero cuando se da en el clavo, simplemente lo sabes; lo sientes.

A continuación enumero algunos de estos momentos, incluyendo una de las genialidades de It Follows. No todas las escenas pertenecen a grandes films, y ahí fuera hay mucha más tela que cortar, pero esta sería mi selección de escenas que, en mi opinión, más y mejor han combinado el horror y lo absurdo en el cine.

The Shining (Stanley Kubrick, 1980).

The exorcist III (William Peter Blatty, 1990).

Lost Highway (David Lynch, 1997).

Ringu (Hideo Nakata, 1998).

Kairo (Kiyoshi Kurosawa, 2001).

Mulholland drive (David Lynch, 2001).

Under the skin (Jonathan Glazer, 2013).

It Follows (David Robert Mitchell, 2014).

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