Vecinos

Primero fue la aparición de un gran socavón en el centro de la ciudad. Luego vinieron los rumores, posteriormente las desapariciones y finalmente el silencio. La verdad nos cogió con la guardia baja.

Hoy, por la mañana, he podido ver como una de esas cosas conseguía entrar en el edificio de enfrente. Poco importa lo que nos resistamos, entrarán si se empeñan. Al salir por una de las ventanas, cargaba a cuestas con el cadáver de una mujer. En una de sus extremidades sujetaba lo que parecía una cabeza. Me he puesto a llorar como un niño y he dejado de mirar.

Después de muchos días encerrado, he comenzado a sucumbir a la desesperación y, con ella, han llegado algunos pensamientos difíciles de explicar, casi todos con mi vecino como claro destinatario. No puedo quitarme a Miguel de la cabeza, ni puedo olvidar estos últimos años repletos de mezquindades.

Hace 20 minutos que se escuchan golpes en la puerta de la azotea. Están intentando entrar. Mientras espero, me asaltan dos ideas desoladoras. La primera se centra en lo inevitable: voy a morir. La segunda también me asusta, pero le da sentido a los últimos coletazos de mi existencia: tengo que alcanzar a Miguel antes de que lo hagan esas cosas.

Vecinos 01

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