Doom, de Álex de la Iglesia

Intuyo que las esquivas realidades alternativas que nos sobrevuelan deben estar plagadas de proyectos cinematográficos que nunca vieron la luz en nuestra cruda existencia. La rumorología y la mitomanía han terminado por convertir a esos proyectos marchitos en una auténtica obsesión colectiva, que no ha hecho más que aumentar con el paso de los años.

Dentro del misticismo que acompaña a estos proyectos, muchos pertenecientes al género fantástico, destaca el Dune de Alejandro Jodorowsky, que consiguió juntar a un equipo imposible en lo que parecía que iba a ser una superproducción de arte y ensayo. Salvador Dalí, H.R. Giger, Orson Welles, Pink Floyd, Mick Jagger, David Carradine y Jean Giroud fueron algunos de los pesos pesados que la febril locura de Jodorowsky arrastró. Eso sí, aún sin llevarse a cabo, ejerció una poderosa influencia en la ciencia-ficción cinematográfica y comiquera de los años posteriores.

Existen otros muchos casos difíciles de obviar: el Spiderman de James Cameron, con Arnold Schwarzenegger como el Doctor Octopus, Jack Nicholson como el Duende Verde y uno de sus actores fetiche, Michael Biehn, como el trepamuros;  El hombre que mató a Don Quijote, de Terry Gilliam, proyecto maldito que ha caído con estrépito en tantas ocasiones que he perdido la cuenta; Cruzada, que volvía a juntar a Schwarzenegger con el maestro Verhoeven -después de leer su guión, la web Ain´t Cool News lo calificó como “el mayor guión no producido de la década (eran los 90)”; el Superman Lives de Tim Burton con Nick Coppola luciendo pelazo y calzoncillos kryptonianos; La Liga de la Justicia de George Miller

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Lo que nos hemos perdido, amigos

Presupuestos prohibitivos, desacuerdos creativos, megalomanía galopante, fallecimientos, quiebras… Infinidad de causas para un mismo fatídico final.

En 1996, un director español encabezó, por poco tiempo eso sí, uno de estos llamativos what if que tanto nos han hecho fantasear: Álex de la Iglesia por un lado, Ivan Reitman por otro y la adaptación cinematográfica del videojuego DOOM entre ellos. Eran los 90 y todo parecía posible.

DOOM, el videojuego

Con la creación de DOOM en 1993, John Carmack y John Romero, dos de los fundadores de id Software, estaban creando un hito irrepetible de la cultura pop y, de paso, construían los cimientos de un género -junto a su inmediato antecesor, Wolfenstein 3D– que, a día de hoy, sigue gozando de una envidiable salud. Hablamos de los shooters en primera persona.

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Romero y Carmack, dos tipos especiales. Madre mía

DOOM gozó de una desbordante popularidad en los 90 y su saga, aún hoy tiene presencia en el mercado -su reboot de 2016 aún colea- y un numeroso séquito de fans.

El videojuego se desarrollaba en una base situada en Marte de la UAC (Union Aerospace Corporation), una megacorporación que terminó acaparando toda la actividad aeroespacial de la Tierra. En unos experimentos desarrollando tecnologías para la teletransportación, terminan por provocar una invasión de un ejército de criaturas procedentes del mismo infierno.

Se me ocurren un buen puñado de directores que sacarían oro de esta premisa. El Álex de la Iglesia de los 90 era uno de ellos.

Álex e Ivan

En la década de los 90 sucedieron muchas cosas, casi todas buenas, en la vida de un orondo y barbudo bilbaíno que cambió la forma de hacer cine en este difícil país de trincheras. Básicamente nos mostró que otro cine era posible, a pesar de la alargada sombra de la ley Miró y su cuarentena forzosa alrededor del cine de vocación popular.

El Día de la Bestia (1995), su segunda película, fue un punto de inflexión en nuestra cinematografía. Funcionó en taquilla, cosechó buenas críticas, ganó premios, deleitó en diversos festivales (Toronto, Venecia, Sitges, Bruselas…) y, en definitiva, puso a Álex de la Iglesia en el mapa cinematográfico internacional.

En 1996, mientras la búsqueda de localizaciones entre L.A. y México para Perdita Durango entraba en modo berserker, El Día de la Bestia se proyectaba en el American Film Market; las llamadas de la industria no tardaron en llegar: Alien Resurrection o, posteriormente, El Zorro, le fueron ofrecidos en diferentes momentos. Proyectos/encargos que prácticamente estaban ya en fase de rodaje, es decir, ninguna decisión  que tomar y pocos estímulos creativos para abordarlo. Álex de la Iglesia los dejó pasar. Pero no todas las llamadas fueron tan poco apetecibles.

A los pocos días de llegar a Los Angeles por primera vez, en plena etapa de preproducción de Perdita, recibió una llamada directa de los estudios de la Paramount. Habían visto El Día de la Bestia y no titubearon demasiado en ofrecerle la oportunidad de adaptar DOOM a la gran pantalla. ¿Tiene alguna idea? -preguntaron al otro lado del teléfono-. Pues precisamente creo que tengo una-respondió Álex-. En ese momento quedaba cerrada una reunión con Ivan Reitman –productor de Cazafantasmas– que podría suponer la entrada definitiva del director bilbaíno en la meca del cine. Por cierto, Álex de la Iglesia no se había marcado un farol en esa conversación telefónica de infarto: tenía una idea y esta se llamaba Sub Reich.

Sub Reich era un proyecto con ciertas reminiscencias de cómic (Moebius  y El Garaje Hermético estaban presentes) que comenzó a escribir Jorge Guerricaechevarría -coguionista habitual en las películas del director vasco- y justo después del rodaje de El Día de la Bestia comenzaron a tratarlo en equipo.

La historia se desarrollaba  en el Madrid de la actualidad y giraba alrededor de un personaje de vida gris que, una buena mañana, entra en el metro sin sospechar que no volverá a salir jamás. Su tren da a parar a una extraña estación tomada por nazis -sí, con uniformes de la SS- que terminan asesinando a la mayoría de los pasajeros. Una loquísima historia sobre un tercer Reich subterráneo iniciado por nazis supervivientes de la Batalla de Berlín, que, huyendo de los aliados, terminaron refugiándose en la red del metro de la ciudad. Varias décadas más tarde se habían extendido por todo el subsuelo europeo y una débil resistencia se erigía como el último escollo hacia su ascenso.

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Álex y Jorge con el storyboard de Acción Mutante

Después de la llamada de la Paramount, Álex  y Jorge tuvieron claro que DOOM podía partir de esa idea. Sólo hacía falta un cambio de escenario (Los Angeles por Madrid) y un buen puñado de fuerzas demoníacas y monstruos para aderezar el invento.

En este tipo de reuniones el tiempo es oro: cinco minutos fueron los que tuvo Álex de la Iglesia para intentar venderle la moto a Ivan Reitman. Ni un segundo más. Los nervios, un inglés algo macarrónico -al menos por aquel entonces- y las prisas, no auguraban un buen resultado. Sorprendentemente, la idea inicial coló. Les gustó de verás y parecían dispuestos a producirla. ¿Cuál fue el problema entonces?

  • Álex de la Iglesia pretendía un film para adultos de 15 millones de presupuesto, pero Ivan Reitman estaba más por la labor de uno de 50 millones. El propio director lo explicaba en La bestia anda suelta (Glenat, 1997), de Marcos Ordóñez: “Si la haces por 50, el target, el objetivo, es toda la familia. El target de una de 15 es el mercado adulto, de mayores de 18 años. Su intención era hacer una película de gran éxito para toda la familia. Y les resultaba mejor hacer una película de gran éxito para toda la familia.Y les resultaba mejor hacer una película cara que una barata. Me explicaron que corrían muchísimo menos riesgo con una película cara. En el presupuesto de una película cara, la partida de publicidad es mucho mayor. La película puede acabar resultando un fiasco igualmente, pero con un poco de suerte, gracias a la publicidad y a la cobertura de distribución, la estrenan en cincuenta cines y logran recuperar buena parte de la pasta en el primer fin de semana, antes de que empiece a funcionar el boca a oreja”.
  • Ivan Reitman, era un director y productor de vocación marcadamente familiar al que ya le quedaban muy lejos sus corrosivos inicios junto a David Cronenberg. Tiremos de currículum: ‘Beethoven, uno más de la familia’, ‘Los gemelos golpean dos veces’, ‘¡Alto!, o mi madre dispara’, ‘Poli de guardería’, ‘Spacejam’, ‘Junior’… Su presencia y su trabajo eran de por sí una declaración de intenciones. Una incontestable razón de peso para huir de aquel despacho sin mirar atrás.

Para el director vasco, reuniones como esta y el duro y burocrático rodaje de Perdita Durango, terminaron por quitarle las ganas de dirigir  en EEUU.

Nunca sabremos lo que podría haber hecho de la Iglesia y compañía en su mejor momento creativo con semejante historia, medios y (probables) actores –Arnold Schwarzenegger parecía destinado a protagonizarla; IMDb dixit-. Mi imaginación no ha parado de volar desde entonces.

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Ivan Reitman y Arnold Schwarzenegger. En una realidad alternativa Álex de la Iglesia posa entre ellos

La adaptación

Finalmente fue en 2005, sin Schwarzenegger -gobernando California– y con Ivan Reitman en otras cosas, cuando Lorenzo Di Bonaventura (las sagas de Transformers y G.I. Joe cuentan con su financiación) levantó DOOM poniendo la pasta sobre la mesa. El director polaco Andrzej Bartkowiak (Romeo debe morir, Street Fighter: la leyenda) se puso a los mandos de un guión realizado por el debutante Dave Callaham (guionista en toda la saga de Los Mercenarios) y el veterano Wealwy Strick (Pesadilla en Elm Street, el remake), mientras que el protagonismo interpretativo se lo llevaban Karl Urban y Dwayne Johnson.

DOOM, irónicamente, se convirtió en una peli para mayores de 18 años con un presupuesto de 60 millones de dólares, aunque casi 10 años después. No podía ser de otro modo, terminó siendo un fiasco económico y artístico que difícilmente nos quitará de la cabeza aquella fatídica reunión entre Álex de la Iglesia e Ivan Reitman.

El único “logro”-por llamarlo de alguna manera- del film de Bartkowiak fue este guiño simpaticón para jugones.

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