Un policía en la luna, de Tom Gauld

“A medida que envejezco siento que el único tema de la literatura -y probablemente de todo lo demás- es el paso del Tiempo”. Fernando Marías, en el epílogo de ‘La Casa’, de Paco Roca.

Vamos a comenzar con un ejercicio de introspección pretérita. ¿Recordáis cómo os imaginabais el futuro allá por la adolescencia? ¿Qué expectativas teníais? ¿Se parece en algo vuestro presente al futuro proyectado años atrás?

Tom Gauld aparca el formato que tanto domina, el de la tira cómica, para volver a sumergirse en una historia larga tras su aclamada Goliat, una de esas inesperadas sorpresas que nos deparó el mundillo en 2012. Y tal como ocurriera entonces, Un policía en la luna vuelve a poner en relieve la increíble capacidad del autor escocés para, a través del minimalismo y la sobriedad, alcanzar cotas de emotividad y reflexión al alcance de muy pocos.

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La colonia lunar que patrulla rutinariamente el agente de la ley que da nombre a esta historia, muestra alarmantes síntomas de decadencia: el deterioro del mobiliario urbano lunar -las grietas estructurales de algunos edificios en los primeros compases de la historia lo evidencian-, el paulatino abandono de la población del satélite y los cada vez más irrisorios casos a resolver, provocarán en nuestro protagonista una sensación inabarcable de soledad y desazón que será contagiosa para el lector.

Tom Gauld toma un punto de partida estético -fruto de su amor por la ciencia ficción- y nostálgico, enfocando desde los años en los que el sentido de la maravilla rodeaba a la conquista del espacio, y sobre esa premisa, vuelve a tocar algunos de los temas recurrentes de su obra.02

La soledad y un personaje melancólico imbuido en ella, se erigen, otra vez, como el binomio que sustenta la narrativa de Tom Gauld; a diferencia de Goliat, el protagonista intentará no bajar los brazos -al menos no del todo- ante las circunstancias que le rodean, aunque con poca fortuna. A pesar de todo, nos encontramos con una obra bastante más optimista en sus conclusiones, hecho que supone una grata novedad.

La lectura más poderosa tiene que ver con una especie de lastre generacional que nos acompaña: la decepción y el desencanto de la vida adulta. La ruptura total de las expectativas y la muerte de los sueños se encarnan en esta base lunar, otrora deslumbrante y esperanzadora, que se torna en un marchito sueño fugaz de lo que pudo ser y no fue.

El autor crea un vehículo tragicómico, sencillo y emotivo, plagado de metáforas que hablan de lo inevitable, lo que nos empequeñece y nos hace insignificantes, mientras que no duda en mostrarnos un asidero fundamental para combatir los males propios de la existencia: la compañía de otro ser humano.

Tom Gauld es brillante y Un policía en la luna es una pequeña y humilde muestra más de ello.

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