Los mejores cómics de 2013

2013 toca a su fin y las amadas/odiadas listas con lo mejor del 9º arte (y de lo que se tercie) ya campan abiertamente a sus anchas por la red. Año esplendoroso, desde el punto de vista creativo, donde una lista limitada como la que estas a punto de leer, va a ser injusta si la interpretas como categórica y dogmática. Tan sólo es una cuestión de gustos.

Quien sigue Aburrimiento Vital con regularidad se llevará pocas sorpresas. Mis filias y fobias – ya va pegando una lista de decepciones del año –, aunque evidentes, no han allanado el terreno ni un ápice a la hora de elaborar esta lista, en un año sobrecargado de extraordinarios cómics. La cosa ha estado complicada.

Os adelanto un hecho más que significativo: la mayor parte de los números seleccionados tiene la implicación directa de autores españoles, síntoma inequívoco de la buena salud de la que goza el cómic patrio en los últimos años. Una tendencia que cada año va a más.

Una cosa más. Desconfiad de las listas que no incluyan a  Beowulf o  Los surcos del azar entre lo mejor del año. Si existe, su autor probablemente tendrá un grave cuadro de hipsterismo galopante.

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The Private Eye de Marcos Martín y Brian K. Vaughan. ¿Un inminente cambio en el modelo de negocio?

El sábado pasado, Antonio Martín – veterano y reputado editor de cómics -, desató la tormenta perfecta, dibujando un panorama absolutamente desolador para la industria del cómic en España.

El modelo tradicional está condenado a la inanición frente a los duros tiempos que corren. Un modelo basado en la sobreproducción, en los abusivos intermediarios y en el ninguneo genérico hacia los autores. El Tío Berni (Entrecómics Cómics) lo ilustraba perfectamente en su web: “Una editorial saca una obra y la entrega a la distribuidora. La distribuidora le paga todos los ejemplares distribuidos y con ese dinero la editorial continúa editando libros. La editorial no tiene datos reales de ejemplares vendidos, solo de distribuidos. Meses después llegan las devoluciones y la editorial tiene que reintegrar a la distribuidora el importe de los libros no vendidos. Si esas devoluciones son muy altas, es un agujero casi imposible de tapar por la editorial, que lo que hace es huir hacia delante publicando más obras para que la distribuidora vuelva a hacerle esa especie de préstamo, y provocando un efecto bola de nieve muy peligroso”. Sólo hacía falta un empujoncito para que la burbuja estallara, y este ha llegado disfrazado de una falta de liquidez galopante a todos los niveles (bancos, distribuidoras, consumidores…).

Es hora de reinventarse.

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