Otoño, de Jon Mcnaught

En 2013, la tristemente malograda Sins Entido anunciaba la publicación de Otoño para el segundo semestre de aquel año. El inesperado cese de actividad de la editorial nos privó entonces del  flamante premio revelación del Festival de Angoulême. Afortunadamente, el pasado año, la editorial Impedimenta reparaba el daño haciéndose cargo de la publicación del cómic de Jon McNaught.

Si en Birchfield Close el autor se centraba en los veranos de su infancia, ahora, reforzando aún más su estilo intimista y minimalista, McNaught vuelve a construir una narración alrededor de una estación del año. Eso sí, parece que en Otoño los elementos autobiográficos no cobran relevancia.

Otoño transcurre en Dockwood -que da nombre a la versión original del cómic-, una pequeña y tranquila población del sur de Inglaterra donde lo –aparentemente- anodino reina con parsimonia. Siguiendo las rutinas de un empleado de una residencia de ancianos y un joven repartidor de periódicos y poniendo el foco en los pequeños detalles, Jon McNaught parece empeñado en demostrarnos que no hay nada insignificante en lo que nos rodea. Todo lo contrario.

Otoño 04

El autor muta en un émulo de Ricky Fitts, mostrándonos la belleza de aquellas cosas que pasamos por alto en el día a día: una botella de Seven-up en el suelo del autobús bailando al son del conductor, el torpe deambular de una polilla y su fatal destino, un roedor disfrutando de un jugoso botín tras tomar por asalto un paquete de patatas huérfano… Chris Ware capta a la perfección las intenciones del autor británico en este sentido: Otoño es un homenaje a la belleza que supone el simple hecho de estar vivo”.

McNaught nos ofrece una butaca en primera fila desde la que podremos comprobar la desconexión con el entorno de los personajes de Otoño -hecho más evidente en la historia del joven repartidor-, lo que puede desembocar en una sana y necesaria reflexión. Tal vez McNaught pretenda darnos un toque de atención. Es probable que, en un tono amable, nos susurre que la vida es un regalo al que le debemos sacar todo el jugo.

Otoño 03

El talento de Jon McNaught es innegable. Descubierto en su día por los responsables de la editorial londinense Nobrow, contando con la admiración de ilustres de la escena como Seth o Chris Ware y coleccionando nominaciones y premios como los Ignatz o  Angoulême, lo único que se interpone entre él mismo y el estrellato del noveno arte es su clara vocación –y dedicación- como ilustrador.

Otoño es un exponente más de lo que puede dar de sí el cómic como medio narrativo. Una estupenda obra que, en su singularidad, ayuda a reivindicar a un autor cuyo trabajo estaba inédito en este país -increíble, pero cierto- hasta que los chicos de la editorial Impedimenta han movido ficha. Por cierto, impecable la edición que se han marcado.

En definitiva, pura lírica en imágenes con no pocas pretensiones: explorar la faceta más emocional del lector. Un incontestable top ten de 2015, amigos.

Otoño 02

 

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