Gente en sitios, de Juan Cavestany

“Ha cambiado la forma de hacer cine”. Así comenzaba el decálogo que en 2012 desglosaron los responsables del ciclo Cine Low Cost de Barcelona. A grandes rasgos, es la premisa de la que debemos partir a la hora de abordar algunas de las nuevas realidades del cine español.

La dificultad de acceder a la agonizante industria cinematográfica española establecida, ha traído de la mano una nueva realidad de incierto futuro, pero con un presente de lo más estimulante. Desde 2012, el término Low Cost aplicado al cine, ha captado con creces la atención de algunos medios y ha comenzado a tener una considerable y creciente visibilidad en su hábitat natural por antonomasia: Internet.

Autores como Daniel Castro, Isaki Lacuesta, Carlo Padial, el colectivo Canódromo Abandonado o Jonás Trueba son sólo algunos ejemplos de estos outsiders de la industria que han sido sistemáticamente excluidos de los circuitos convencionales de exhibición y privados de aquellas ayudas públicas que deberían incentivar a los nuevos creadores. Por lo general, reúnen un perfil muy similar: autores jóvenes, con pocos medios y un buen puñado de ideas, que han encontrado en la filosofía del do it yourself la respuesta adecuada a una acuciante necesidad de expresarse.

Y en estas que nos topamos con Gente en sitios, y con su autor, Juan Cavestany. Probablemente, junto a Carlos Vermut,  una de las puntas de lanza de este nuevo cine, hijo legitimo de la crisis, cuya manoseada nomenclatura alude a unos presupuestos casi inexistentes.

Diamond Flash, de Carlos Vermut

Diamond Flash, de Carlos Vermut

Frente a la ausencia de apoyo económico y los limitados recursos, se erige la principal potencialidad de estas minúsculas películas: la libertad creativa. Gente en sitios es un buen ejemplo de ello.

Juan Cavestany no encaja estrictamente en el perfil de director – llamémoslo – Low Cost. Desde 1999 lleva trabajando para la industria, primero como guionista y luego como director – sin olvidar su exitosa carrera como dramaturgo -. Llevan su firma guiones como Los lobos de Washington (1999) o Guerreros (2002) y películas como El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo (2004) o Gente de mala calidad (2008) se han realizado bajo su dirección. En 2010, con Dispongo de barcos, cambió de tercio y comenzó a autofinanciarse – presumiblemente ante la falta de propuestas -, y desde entonces, no ha vuelto a trabajar para la industria tradicional, a la que no renuncia, todo hay que decirlo. Mientras tanto, la inquietud le seguirá llevando por estos circuitos paralelos a la industria.

En el film de Juan Cavestany nos encontramos una propuesta novedosa y rompedora. Gente en sitios está construida a través de un buen puñado de pequeños segmentos, que bien podrían proceder de un ecléctico brainstorming de conceptos e ideas acumuladas durante los años que su autor lleva escribiendo. Las (micro)historias se abonan a la cotidianidad en su punto de partida, pero ahí acaban todas las similitudes: Gente en sitios funciona conscientemente como una amalgama de planteamientos sin aparente conexión entre sí.

Gente en sitios

Gente en sitios

La función comienza entregándose al humor incómodo – post-humor, para los amantes de las etiquetas pomposas -, con un efectivo y sencillo segmento que puede dar engañosas pistas de lo que nos vamos a encontrar en la película. Unos minutos más tarde, el segmento encabezado por un comercial inmobiliario encarnado en Ernesto Alterio, además de inquietarnos, y mucho, comenzará a anticiparnos la constante ruptura temática de los casi 80 minutos que dura este experimento audiovisual. La comedia, el surrealismo o el terror se combinan convirtiendo el visionado en una imprevisible y adictiva montaña rusa para el espectador, que no sabrá a qué atenerse al inicio de cada nuevo segmento.

Una de las grandes bazas de la película es su magnífico y casi interminable elenco actoral. En este punto, Juan Cavestany se vuelve a alejar del perfil de estos nuevos directores indies. Sus años en la industria y una propuesta estimulante que ofrecer, le ha proporcionado la posibilidad de contar con una interminable lista de cabezas visibles del cine español: Antonio de la Torre, Maribel Verdú, Eduard Fernández, Javier Gutiérrez, Alberto San Juan, Carlos Areces, Tristán Ulloa, Julián Villagrán, Santiago Segura, Raúl Arévalo, etc. Junto a ellos, un grupo de actores – cada vez más reconocibles – que lleva un tiempo moviéndose dentro de estos nuevos circuitos independientes: David Pareja, Eva Llorach, Elisabet Gelabert, Miguel Esteban, Lorena Iglesias, Ana Rujas, Julián Génisson o Javier Botet.

La ausencia de corsés temáticos y narrativos de Gente en sitios, puede descolocar a más de uno, pero no creo que Juan Cavestany pretenda trabajar dando la espalda al público. Todo lo contrario, se ha empeñado en ofrecernos un regalo. En la era de Internet, el exceso de carga informativa que arrastramos antes de enfrentarnos al visionado de una película ha alterado ostensiblemente la experiencia cinematográfica desde el punto de vista del espectador. Cavestany ha asumido el reto de desmontar los numerosos lastres que conllevan las expectativas y ha dado un golpe en la mesa ofreciéndonos una experiencia única, original e inesperada, que por momentos roza la genialidad con la punta de los dedos. Cavestany nos brinda la oportunidad de sorprendernos de verdad. Todo un lujo, hoy en día.

El director madrileño comentaba hace poco en una entrevista, que un actor definía la experiencia de ver la película como “recibir una paliza con una bolsa de naranjas. Un shock dulce”. Lo suscribo.

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