Mis terrores favoritos (I)

“Recuerdo perfectamente King Kong. Le dije a mi padre que daban una de un mono gigante y me dijo: “Sí, pero tú no puedes verla”. Eso ya fue definitivo, las ganas de verla eran absolutas. La vi por el resquicio de la puerta con mucho cuidado, y eso ya la convirtió en mítica y, sobre todo, en terrorífica. No daba crédito cuando se empieza a comer a los porteadores. Me dio muchísimo miedo, pero ahí empezó esa mezcla: lo que realmente me gusta es lo que me da miedo.” Álex de la Iglesia.

Voy a hacer mías las palabras de Álex de la Iglesia, porque no existe otra manera de definir mi fascinación por el horror en la ficción de mi infancia: lo que realmente me gusta es lo que me da miedo.

Nací a finales de los 70 en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), población en la que pasé los primeros 25 primeros veranos de mi existencia. Aquellos veranos brillaron especialmente gracias al desaparecido Teatro Principal, un cine con tantas peculiaridades increíbles que terminó por erigirse en un hito cultural en mis primeros años de formación. Una anchísima manga con la clasificación por edades y la marcada tendencia fantastic de las películas exhibidas, propiciaron que disfrutara en pantalla grande y a una edad muy temprana de auténticos acontecimientos cinematográficos que me volaron la cabeza: Pesadilla en Elm Street (1984, Wes Craven), Demons (1985, Lamberto Bava), El día de los muertos (1985, George A. Romero), La Mosca  (1986, David Cronemberg), Golpe en la pequeña China (1986, John Carpenter), Creepshow 2 (1987, Michael Gornick), Robocop (1987, Paul Verhoeven), Depredador (1987, John McTiernan), Una Pandilla Alucinante (1987, Fred Dekker), El Terror no tiene forma (1988, Chuck Russell)…

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Los cuadernos de Esther. Historias de mis 10 años, de Riad Sattouf

Hace un par de semanas, la hija de 10 años de una amiga se le acercó con decisión y le espetó una frase -más o menos literal- que aterrorizaría a muchos padres con la guardia baja: “Mamá, ya sé todo sobre el sexo, el porno y todas esas cosas”. La sorpresa de un adulto frente a una inesperada revelación de esta calado, tiene mucho que ver con la distancia, a menudo inconsciente, del mundo adulto del infantil/adolescente (en este caso prepúber, para ser más exactos). Distancia que clava sus raíces en la falta de comunicación, consecuencia probable de un tren de vida tan vertiginoso que a menudo nos hace olvidar las cosas realmente importantes.

Mi amiga, que obviamente no salía de su asombro, tuvo una conversación sincera -con algún leve eufemismo- centrada en tender puentes con su hija. Desde luego, tomo nota para el futuro.

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Descubriendo ilustradores: Jakub Różalski

Jakub Różalski (1981) es un artista conceptual e ilustrador polaco que, tras algo más de 10 años como profesional gráfico y gracias a su imaginación y talento, ha podido trabajar en ámbitos tan relevantes y variados como el cine, los videojuegos o incluso los juegos de mesa.

A pesar de estar graduado en la escuela de artes aplicadas de Poznań (Polonia), nunca ha escondido que su verdadero aprendizaje ha sido autodidacta, inspirándose en artistas que le motivaban y apoyándose en algunos de los elementos básicos para el dibujo: el lienzo y el papel. Con el tiempo y por puro pragmatismo, la tableta gráfica ha ido desplazando a las herramientas tradicionales que había utilizado en sus inicios.  Sigue leyendo

El cine fantástico indie que viene (IV)

Hoy hago un repaso de aquellas pequeñas películas de género que, esperemos, tarde o temprano podremos disfrutar por estos lares. Pelis modestas que siguen llamando la atención de las distribuidoras estadounidenses más importantes, desde un punto de vista económico –Warner, Netflix– o desde el prisma del puro y duro prestigio y buen hacer –A24-.

Empezamos.

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Un policía en la luna, de Tom Gauld

“A medida que envejezco siento que el único tema de la literatura -y probablemente de todo lo demás- es el paso del Tiempo”. Fernando Marías, en el epílogo de ‘La Casa’, de Paco Roca.

Vamos a comenzar con un ejercicio de introspección pretérita. ¿Recordáis cómo os imaginabais el futuro allá por la adolescencia? ¿Qué expectativas teníais? ¿Se parece en algo vuestro presente al futuro proyectado años atrás?

Tom Gauld aparca el formato que tanto domina, el de la tira cómica, para volver a sumergirse en una historia larga tras su aclamada Goliat, una de esas inesperadas sorpresas que nos deparó el mundillo en 2012. Y tal como ocurriera entonces, Un policía en la luna vuelve a poner en relieve la increíble capacidad del autor escocés para, a través del minimalismo y la sobriedad, alcanzar cotas de emotividad y reflexión al alcance de muy pocos.

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Doom, de Álex de la Iglesia

Intuyo que las esquivas realidades alternativas que nos sobrevuelan deben estar plagadas de proyectos cinematográficos que nunca vieron la luz en nuestra cruda existencia. La rumorología y la mitomanía han terminado por convertir a esos proyectos marchitos en una auténtica obsesión colectiva, que no ha hecho más que aumentar con el paso de los años.

Dentro del misticismo que acompaña a estos proyectos, muchos pertenecientes al género fantástico, destaca el Dune de Alejandro Jodorowsky, que consiguió juntar a un equipo imposible en lo que parecía que iba a ser una superproducción de arte y ensayo. Salvador Dalí, H.R. Giger, Orson Welles, Pink Floyd, Mick Jagger, David Carradine y Jean Giroud fueron algunos de los pesos pesados que la febril locura de Jodorowsky arrastró. Eso sí, aún sin llevarse a cabo, ejerció una poderosa influencia en la ciencia-ficción cinematográfica y comiquera de los años posteriores.

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